El valor de la retroalimentación para los estudiantes

Todos necesitamos la guía de alguien con más experiencia para hacer mejor nuestro trabajo. En ningún ámbito esa dinámica es tan relevante –y está tan arraigada— como en el salón de clases. La retroalimentación les sirve a los estudiantes para saber cómo progresa su aprendizaje y, cuando se comunica en un buen ambiente de clase, puede incrementar la motivación y el compromiso estudiantil.

¿Cómo beneficia a los estudiantes la retroalimentación?

La retroalimentación por parte del profesor tiene dos niveles de importancia. El primero es obvio: los estudiantes, por definición, requieren orientación sobre cómo avanzan en sus clases. Los comentarios les permiten saber si están desarrollando las habilidades y adquiriendo el conocimiento que se espera de ellos y les muestran dónde y cómo pueden progresar.

El segundo nivel es más objetivo: una buena retroalimentación puede mejorar el desempeño de los estudiantes, no solo en la tarea en cuestión, sino en general. Además, puede reforzar su motivación para aprender, la confianza en sus capacidades y el compromiso. Conduce a un mejor establecimiento de objetivos, planificación de tareas y un mayor nivel de aprendizaje autorregulado. Sin duda, la retroalimentación de alta calidad forma mejores estudiantes.

¿Cómo asegurarse de que se reciben los comentarios?

El primer paso es crear un entorno en el que la retroalimentación sea bien recibida. A primera vista, dar retroalimentación en forma de elogios parece ser la mejor opción. Sin embargo, en última instancia, esto es inútil, ya que es insuficiente para proporcionar una crítica real y genuina.

De acuerdo con John Hattie y Gregory Yates, los estudiantes son más receptivos y perceptivos a la retroalimentación cuando se les muestra que las dificultades e incluso las fallas ocasionales son pasos normales del proceso de aprendizaje. Si el ambiente en el aula penaliza el esfuerzo como señal de fracaso, la retroalimentación se convierte en una crítica personal, lo que puede llevar al estudiante a dudar de su capacidad. Cuando se reconoce que la dificultad es normal, que se respetan los intentos de buena fe de los estudiantes, independientemente del resultado, se acepta mejor la retroalimentación como un comentario sobre su trabajo y no sobre su capacidad.

¿Cómo dar una buena retroalimentación?

Una vez creado el entorno para que los estudiantes reciban comentarios, ¿cómo puedes brindar una retroalimentación efectiva que refuerce el aprendizaje de tus alumnos en el futuro? Hattie y Yates plantean tres preguntas:

  1. ¿Hacia dónde va el estudiante?

Tener un objetivo claro y alcanzable es importante, tanto para el profesor como para el alumno. El estudiante debe saber cómo es su desempeño para que pueda dirigir sus esfuerzos y comprender los comentarios del instructor.

  1. ¿Cómo se encuentra en este momento?

Cuando des retroalimentación, ten en mente el objetivo. Los comentarios sobre una tarea o proyecto deben girar en torno al progreso del estudiante para lograr ese objetivo. Aborda el éxito y avance del estudiante para que sepa lo que necesita lograr y en qué está mejorando, así como las áreas específicas de oportunidad para alcanzar la meta definida.

  1. ¿Cuál es el siguiente paso?

No dirijas los comentarios solamente a las áreas donde se quedaron cortos los estudiantes. Supón que habrá próximos intentos para alcanzar la meta preestablecida e indica cómo pueden avanzar.

Te comparto algunas recomendaciones para dar una mejor retroalimentación:

 

Algunas trampas a evitar:

 

Con una retroalimentación buena y de calidad, el rendimiento y el compromiso de los estudiantes mejora. ¡Una mejor retroalimentación hace mejores estudiantes!

La retroalimentación efectiva ayuda a fomentar una mentalidad de crecimiento.

Consulta nuestra infografía para conocer las diferencias entre una mentalidad de crecimiento y una mentalidad fija.